viernes 12 de junio de 2009
Héroes de mi patria, perdón
Un excombatiente de aquella contienda, con la mirada perdida en el infinito y con voz quebraba pronunció una frase que, cual si fuera un rayo quema hasta los huesos, y cala en los más profundo del ser. “Aikuaa rire péichataha, iporâve va`êra mo`a amanórire upe Chaco ryguáre (De haberlo sabido que sería así, hubiera preferido haber muerto en el Chaco). Estas palabras me cortaron la respiración, incluso más que esta bronquitis aguda que me tiene a mal traer.
Su rostro parecía doblemente antiguo por los profundos surcos causados por el tiempo, que patentan la difícil vida que le cupo vivir. Las expresiones, tan sinceras y ásperas que fluían desde su corazón, reflejaban la indignación que siente ante tanta indiferencia, ante tantas miserias en que muchos de ellos viven, olvidados por este pueblo que jamás supo valorar en su verdadera dimensión el legado que nos dieron estos hombres, al recuperar nuestro territorio y dejarnos un Paraguay libre y democrático.
Demuestran que para él, al ver cómo se maneja nuestro país, no valió la pena haber sacrificado su juventud para pelear en el campo de batalla con patriotismo y valentía. Estas dos cualidades que hoy día no se observan en las actuaciones de nuestros actores políticos ni sociales.
Esa frase demuestra que estos beneméritos de la patria ya están cansados de tanta hipocresía que se manifiestan cada 12 de junio, en estériles actos y tediosos desfiles. Los pocos héroes encarnados en los abuelitos que ya nos quedan merecen mucho más que eso. Merecen seguros sociales que les permita una asistencia médica permanente y gratuita en cualquier hospital del país y por qué no, visitas periódicas de los médicos hasta sus propias casas; un salario mucho mayor de lo que están cobrando, que les permitan vivir dignamente los últimos años que les restan, salarios que le deberían llegar hasta sus propios domicilios, evitando que formen largas filas en los bancos. Y más allá de esto, tal vez más importante para ellos, el reconocimiento sincero y el respeto de parte de la ciudadanía, que se traduzcan en acompañamientos, en demostración de amor, en compartir momentos, de tal forma que puedan romper la constante soledad en que la vive la mayoría.
Pero, principalmente, merecen que todos asumamos mejor nuestro compromiso en servir al país, con patriotismo y honestidad. Es lo que esperan de nosotros, deseo reflejado en las expresiones de otro excombatiente, quien con emotivas palabras instó a los jóvenes paraguayos a capacitarse, de tal forma a ser más útiles al país.
Mientras, estas verdaderas reliquias vivientes que tenemos viven en la indigencia, un grupo de casi 20 parlamentarios están recorriendo paradisíacas ciudades del mundo entero, costeado con dinero del pueblo, en supuestas misiones oficiales que a toda luz no redundarán en beneficios para el país. Sin ningún reparo, asignaron más de 200 millones de guaraníes en viáticos. Me avergüenzo y no hay perdón por ello.Con el permiso del honorable excombatiente, -pena que desconozco su nombre-, dedico a estos parlamentarios y a todos aquellos que tienen en sus manos la posibilidad de cambiar el destino del país, la frase que pronunciara hoy, con mucha indignación: “Aikuaa rire péichataha, iporâve va`êra mo`a amanórire upe Chaco ryguáre”.
sábado 30 de mayo de 2009
Pedir peras al olmo
Entiendo que la intención de la Secretaría de Comunicación de la Presidencia de la República, responsable de estos spots que salen en los diarios y canales de televisión es la de crear conciencia en la población sobre la necesidad imperiosa de desterrar la corrupción en el país. La intención, de ser así, es plausible.
Sin embargo, el método utilizado no creo sea el más idóneo para, ni siquiera desterrar, sino combatir una práctica tan arraigada en un Paraguay, donde siempre reinó y seguirá reinando quien sabe por cuánto tiempo más, la cultura de que es “normal” que se meta la mano en la lata.
Acaso se pretende, con spots publicitarios, lograr el arrepentimiento de los que por tantos años robaron al país? Esperar esto, sería como pretender secar el Atlántico.
Es ahí que se diluye todo intento de credibilidad hacia las buenas intenciones que pueda existir con estos “avisos” que son pagados con fondos de la Itaipú Binacional. Porque de existir una intención real de combatir la corrupción, no hay vueltas que dar. Se debe castigar con cárcel a aquellos que se enriquecieron a costa del pueblo y recuperar todos los bienes robados al pueblo paraguayo. Esto no se consigue con spots publicitarios, sino con una postura firme y decidida de los que tienen en sus manos impartir justicia en el país.
Porque de lo contrario, todo esto sabe a lo mismo que años anteriores, en que se repartía millones y millones a los medios de comunicación, repartija mimetizada en publicidades estatales, para “anestesiarlos” y así, de alguna manera -en algunos casos más en otros menos- tener el control sobre sus líneas editoriales, principalmente en lo relacionado a las funciones del Gobierno, y más aun, a la gallina de los huevos de oro: Itaipú.
Hubo avances. Antes se destinaban varios millones de dólares en anuncios oficiales, con contenido que vislumbraba un excesivo culto a la personalidad de las autoridades de turno, llámese Presidente de la República o el director de Itaipú. Además se potenciaba a candidatos oficialistas del momento. Esta vez, el monto se redujo a unos 700.000 dólares y los personajes del gobierno no aparecen en los contenidos.
La corrupción sigue campante en diferentes esferas de nuestra sociedad. No en vano, el Paraguay sigue ocupando los primeros lugares en el ránking de los países más corruptos del mundo. En uno de los últimos estudios realizado por el Banco Mundial, “La Gobernabilidad Importa 2007: Indicadores Mundiales de Gobernabilidad 1996-2006”, Paraguay ocupaba el tercer lugar de países más corruptos, detrás de Haití y Venezuela.
Las décadas de corrupción dejaron secuelas evidentes en nuestro país: Un sistema educativo inadecuado y con escasa inversión; uno de los peores sistemas de cuidado a la salud, con una tasa de mortalidad infantil que supera el 26,6% (informe de mayo del 2008 de la CIA – Central Intelligence Agency – The World factbook); cerca de 40.000 niños menores de cinco años desnutridos (datos del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, UNICEF), cantidad con que se llena fácilmente el estadio de los Defensores del Chaco y 140.000 niños/as con prevalencia a la desnutrición; escaso nivel de desarrollo en el campo; nula industrialización de las materias primas que se produce, escasa inversión, entre otros indicadores.
La recomendación del estudio del Banco Mundial sostiene, entre otras cosas, que los países de bajos ingresos como el nuestro deben aumentar los recursos y la voluntad política dedicada a los esfuerzos anticorrupción. Esto, obviamente no se logra con simples spots publicitarios. Si existe una verdadera intención de combatir este flagelo, se debe comenzar castigando a los corruptos, con cárcel y recuperar lo robado. Esto, por sobre todas las cosas exige una férrea voluntad política y una gran dosis de patriotismo. La impunidad es el mejor alimento para la corrupción.
viernes 1 de mayo de 2009
¿Algo que festejar en el día del Obrero?
A lo largo y ancho del país -y presumo también a nivel mundial-, hoy se habla del “festejo” del día de los trabajadores. Es natural, teniendo en cuenta que los paraguayos somos muy proclives en buscar una fecha que nos permita preparar el asadito y regarlo con abundante cerveza. Qué se festeja generalmente no importa, siempre y cuando se pueda disfrutar de un festín, cuánto más en abundancia, mejor.
Sin embargo, es importante detenernos a analizar, al menos mínimamente, qué es lo que se festeja hoy. Hay algo que festejar realmente, o el 1 de mayo no pasa de ser una simple excusa para armar una farra, aquellos que pueden hacerlo, claro está.
Para pensarlo mejor, es necesario plantearnos ciertas interrogantes básicas. Los que tienen trabajo, ¿reciben un salario digno que le garantice a él y a su familia una vida decorosa, salud y educación para sus hijos?; ¿cuentan con seguros sociales, y los que tienen, qué atención reciben cuando llegan para consultar al IPS?; ¿son respetados sus derechos a 8 horas laborales diarios?; ¿las mujeres acaso, para asegurarse un puestito de trabajo en las tiendas de los árabes y chinos, no son obligadas a presentarse a las “entrevistas de trabajo” con minis tan cortas que permiten ver hasta los pensamientos?; ¿o son simples leyendas urbanas que para acceder a algún puesto público no importa la preparación profesional, sino el peso del padrino político?.
Y los que están sin trabajo cómo quedan en esta fecha. Acaso tiene algo que festejar aquel padre de familia que al volver a casa, noche tras noche, debe morderse los labios y llorar de impotencia, al mirar a sus hijos y no poder darles la buena noticia de que consiguió el trabajo que está buscando desde hace ya varios meses?; ¿qué puede festejar aquella jovencita, que sueña con estudiar en la facultad, pero que con el título de bachiller calentito bajo el brazo no puede acceder a un puesto en ningún comercio céntrico minado de extranjeros indocumentados?. Los niños que diariamente pululan en los semáforos de la ciudad, aguardando la presencia de algún ocasional “buen samaritano” para ayudar al sustento de la casa, también tienen algo que festejar?; ¿Acaso, los desempleados deben brindar con agua, y el estómago vacío, cuando los funcionarios de Migraciones, de Justicia y Trabajo y otros entes públicos, con silencios cómplices permiten la impunidad de los extranjeros ilegales que usurpan sus puestos de trabajo?.
A todo esto se suma que este año, el día del obrero sorprende en un escenario poco alentador para los trabajadores. El proyecto de ley presentado por el diputado oviedista Oscar Tuma que pretende modificar dos artículos del Código del Trabajo, busca eliminar la estabilidad laboral, que se consigue tras 10 años de servicios. El objetivo es claro: dar “carta blanca” a las patronales para despedir, cuando se les da las ganas, a los empleados sin respetar siquiera la antigüedad, y obvio, sin pagar la doble indemnización, por la estabilidad.Estas realidades nos hacen presumir que no existe nada por festejar. El 1 de mayo más bien es un día para recordar a los mártires de Chicago. Un día de reflexión, donde la clase trabajadora debe elevar su voz de protesta contra tantas injusticias, marginaciones, y contra la criminalización de las luchas sociales. Ahora más que nunca, los trabajadores debemos estar en permanente alerta. No podemos darnos el lujo de quedarnos en las resacas de tantos festejos sin razones, bajando la guardia, que a su vez permita que nos madruguen este tipo de proyectos que buscan seguir arrebatándonos nuestros derechos.
martes 28 de abril de 2009
Objetivos del milenio, más imposibles que nunca
Lejos de alcanzar la meta, el sistema educativo en el país sigue teniendo terribles déficit. Peor aún, no existen señales claras de mejoría. La Escuela “Mango guy”, ubicada en el barrio San Antonio de esta ciudad es prueba contundente de esa realidad. En la institución que cuenta con más de 220 alumnos, funcionan desde el preescolar al 6º grado, distribuidos en tres pequeñas salas de clases. Por la carencia de espacios físicos, los docentes implementan el sistema plurigrados, e incluso, algunas de las clases son dictadas en el pasillo. Los cinco docentes que enseñan en el lugar desde hace más de seis años, lo hacen en carácter ad honorem. El Ministerio de Educación y Cultura no se encargó de proveerles de rubros. “Venimos a enseñar por amor a estos niños. Ellos demuestran que quieren aprender y eso nos motiva. Son chicos pobres, trabajadores de la calle, juntan cartones para ayudar a la familia, que no tendrían donde estudiar si no lo hicieran acá”, explicó la profesora Cinthia Herrera, una de las educadoras, quien trabaja en esta escuela desde hace seis años atrás, sin cobrar nada.
AYUDA
Ante la carencia de rubros, los padres de familias que en su totalidad son muy humildes, realizan actividades tendientes a juntar fondos, con los cuales ayudan a los docentes de vez en cuando. “Tratamos de ayudar como podemos, porque los profesores están dando todo de sí a favor de nuestros hijos”, comentó Miguel Martínez, presidente de la Comisión de Padres. Añadió que en reiteradas ocasiones recurrieron a las autoridades, tanto departamentales como ministeriales, para solicitar los rubros para la institución. “Recibimos lo de siempre: promesas. Pero seguimos esperando”, añadió.
¿APLAZADO?
domingo 5 de abril de 2009
Gobierno y Fedecámaras, payasos del mismo circo
Uno de los casos que me indignó desde el primer momento y me sigue retorciendo el estómago es el gran circo montado por la Federación de Cámaras de Comercio (Fedecámaras) de Ciudad del Este, y representantes de instituciones gubernamentales como el Ministerio de Justicia y Trabajo, Migraciones, Municipalidad de Ciudad del Este y la Gobernación del Alto Paraná. Lamentablemente, nuestro país se convirtió así en “sui generis”, por ser un país donde se firma un convenio en el que las partes se “comprometen” a cumplir las leyes. Con ese convenio firmado en diciembre pasado se otorgó un periodo de “gracia” a las empresas, muchas de ellas nucleadas en la Fedecámaras, para la “formalización” (término que repiten hasta el hartazgo) del comerico o “regularicen” la situación de sus empleados. Planteando de otra manera, estos empresarios, con la anuencia de las autoridades del Gobierno, consiguieron vía libre para seguir manteniendo en sus filas a los extranjeros indocumentados, en su gran mayoría brasileños, que ocupan ilegalmente puestos laborales, en detrimento de la mano de obra paraguaya que está ociosa. Es síntesis, no fue más que una licencia oficial, para seguir incumpliendo las leyes. Más que un chiste de mal gusto, fue una bofetada para la gran cantidad de paraguayos que continúa sin poder a acceder a un puesto de trabajo digno.
Por si todo fuera poco, se “delegó” a los propios empresarios, quienes por años violaron las leyes migratorias y laborales, la realización de un censo para conocer la cantidad de extranjeros ilegales que trabajan en los comercios de Ciudad del Este, resultado a ser utilizado para que los organismos de control puedan cumplir sus funciones. Es lo mismo que un fiscal penal que investiga un homicidio delegue la tarea investigativa al propio sujeto procesado por la comisión del hecho punible, y luego utilice el resultado de esa investigación para formular su acusación.
El resultado era previsible. A casi tres meses después, en una pomposa conferencia de prensa la Fedecámaras presentó días pasado el resultado del “trabajo”, que habla sólo de 1374 extranjeros que están trabajando en forma ilegal en la ciudad. Esta cantidad raya con lo ridículo, pues basta con recorrer cuatro de las principales galerías comerciales del microcentro, para encontrar una realidad totalmente diferente. Es una tomadura de pelo, que paradójicamente, los únicos que se tragaron son los representantes estatales, quienes están supuestamente para velar por el cumplimiento de las leyes.
Este “intento” del gobierno de lograr la legalización de la mano de obra evidentemente fracasará. De hecho que fracasó mucho antes de comenzar, pues nació torcido. Las leyes se cumplen y no se necesita ningún convenio donde las partes se “comprometan” a cumplirlas. Los indocumentados no pueden estar trabajando en nuestro país. Es así de sencillo.
La única explicación que encuentro a todo esto es que no existe una intención real –tanto del Gobierno como del empresariado- de poner fin a esta irregularidad, pues con ello acabarían los grandes negociados que esta situación propicia. Regularizando la documentación de los extranjeros, ya no habría posibilidades para transar. Además, ya no harían falta los pomposos actos donde los empresarios y representantes estatales brindan con vinos, champán y gasesosas donde presentan resultados mentirosos sobre supuestos censos, mientras los trabajadores paraguayos siguen siendo “extranjeros” en su propio país, mirando desde sobre la muralla como las manos de obras ilegales usurpan derechos que les corresponden, además de privarles de la posibilidad de llevar a sus casas el pan de cada día.
La gran cantidad de extranjeros indocumentados que trabajan en forma irregular en nuestra ciudad no es un secreto. Está a la vista de todos. La situación no cambiará, a no ser que los organismos de control comiencen a cumplir con sus obligaciones, de controlar y aplicar las leyes. ¿Es mucho pedir?